A pesar del auge de apartamentos en el país, el sector constructor mantiene sismo resistencia tradicional. Solo un proyecto habitacional cuenta con tecnología avanzada de amortiguadores.

Por Natalie Samayoa
La opción de vivir en apartamentos en Guatemala cada vez más es la favorita. A pesar del auge, el sector constructor mantiene el sismo resistente tradicional, en un país con alta actividad telúrica. Solo un proyecto habitacional cuenta con tecnología avanzada de amortiguación.
Este sistema ayuda a absorber la fuerza del movimiento y disminuye el daño sobre la estructura. De acuerdo con el ingeniero estructural e integrante de la junta directiva de Asociación Guatemalteca de Ingeniería Estructural y Sísmica (AGIES), Andrés García, solo un edificio habitacional en toda Guatemala tiene esta tecnología.
Solo uno en Guatemala, un país expuesto a grandes eventos geológicos.
Comprar un apartamento va más allá de las amenidades
Al momento de comprar un apartamento, Garcia comenta que los clientes se enfocan en los metros cuadrados, las amenidades, la ubicación o el precio. Sin embargo, indica que pocas veces se consulta información sobre la estructura del edificio. “Creo que ni siquiera piden los planos estructurales a la hora de comprar”.
El experto considera que antes de la inversión se debe preguntar quién diseñó la estructura. Lo siguiente, si el proyecto incorpora tecnologías que reduzcan los daños durante un fuerte sismo. «Sería bueno ofrecerlo como un plus. En vez de tener un gimnasio o una piscina, que puedan ofrecer amortiguadores».
Un edificio que busca reducir daños
De acuerdo con la municipalidad de Guatemala, en 2020 se registraron 394 edificaciones de vivienda vertical. Sin embargo, a nivel nacional, García señala que el edificio Elemento, ubicado en la zona 13 de la capital, es el único complejo que incorpora amortiguadores sísmicos.
Esta tecnología también se ha implementado en algunos puentes y en la Universidad Mariano Gálvez en el campus de La Antigua Guatemala.
El ingeniero explica que estos dispositivos funcionan de forma similar a los amortiguadores de un vehículo. Absorben parte de la energía que genera un terremoto para que la estructura reciba una carga menor.
Asimismo, expone que la diferencia es importante. Mientras un edificio sismo resistente está diseñado para evitar el colapso y proteger la vida de sus ocupantes, uno que incorpora amortiguadores busca, además, reducir el nivel de daño que puede sufrir la estructura. «Todo lo absorben esos amortiguadores, como si fueran los shocks de un carro».
Estabilidad no es habitabilidad
Además de los asentamientos, García considera que los edificios más antiguos representan otra inquietud. Menciona que construcciones en zonas 1, 4, 10 y parte de la zona 14 se levantaron antes de la normativa sísmica vigente. «No es que estén mal construidos. Hoy ya no cumplirían con los estándares actuales y son los que más preocupan en esta época».
Para el especialista, los retos surgen después de un terremoto. Explica que las construcciones se diseñan para evitar el colapso y pueden sufrir daños que obliguen a desalojarlas durante meses o incluso años. “Todos los edificios que nosotros diseñamos están hechos para no colapsar. No están hechos para mantenerse operacional”.
Por su parte, Diego Rivera, director de Constructora CPM (Construction Project Management), señala que “el objetivo no es construir edificios que no sufran daños, sino que protejan la vida de las personas y reduzcan al máximo el riesgo de colapso”.
El problema inicia cuando el sismo termina
García cita los recientes sismos en Venezuela. «¿Qué pasa con todos esos edificios que están tan dañados? Qué bueno que los edificios no caigan. Pero ¿qué va a pasar con las miles de personas que se van a quedar sin dónde vivir? ¿Dónde los vamos a meter?».
Asimismo, considera que esas son preguntas que el país y las autoridades deben cuestionar. “Si ocurriera un terremoto y este edificio presentara tantos daños que tuviera que pasar uno o dos años sin volver a pisar mi casa, ¿a dónde me voy a ir?”.
Para el ingeniero, los amortiguadores sísmicos pueden reducir ese impacto, aunque su incorporación aún es limitada. No obstante, señala que, en países como Chile, incluso proyectos de vivienda social incorporan este tipo de sistemas. «No es un tema de si solo los ricos lo pueden pagar sino de cómo hacemos que haya un incentivo económico para que el desarrollador logre hacer eso».
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Construir sin un manual
De las 340 municipalidades de Guatemala, al menos siete cuentan con un Plan de Ordenamiento Territorial (POT). García explica que esta herramienta establece qué tipo de construcciones pueden realizarse en un terreno, pero aclaró que «no rige que tenga que cumplir o no un diseño estructural».
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Agrega que uno de los principales aportes del POT es limitar las construcciones en zonas de alta vulnerabilidad. Principalmente por deslizamientos, pendientes pronunciadas, cercanía a barrancos y cuerpos de agua.
A su criterio, esta herramienta “es beneficiosa en términos de seguridad estructural o de seguridad ante desastres». En ese contexto, cuestiona cómo se va a saber dónde construir y las consecuencias que puede tener el hecho de levantar un edificio con tales características cuando no existe un POT.
Las municipalidades enfrentan limitaciones de recursos humanos y técnicos, de acuerdo con Ribera. Por ello, considera necesario que la seguridad estructural debe fortalecerse en todos los involucrados, desde los gobiernos locales hasta desarrolladores, diseñadores, constructores y supervisores. Además de mejorar la revisión de los proyectos y los controles durante la construcción.
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¿Por qué solo un edificio?
El uso de esta tecnología es limitada a nivel nacional, pese a que especialistas coinciden en que los amortiguadores reducen los daños.
Rivera advierte que entre las principales barreras figuran «el costo adicional que representan, la necesidad de especialistas para diseñarlos e instalarlos, y la limitada experiencia local en este tipo de sistemas».
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Y agrega: “el sector construcción ha obtenido avances en la aplicación de normas de diseño estructural”. Sin embargo, advierte que la preparación no es igual en todo el país. “Conviven proyectos nuevos con diseños adecuados y controles de calidad, junto con construcciones antiguas e informales sin criterios sismorresistentes”.
En consecuencia, advierte que Guatemala convivirá siempre con el riesgo sísmico: “una reconstrucción eficiente requiere priorizar la seguridad, utilizar mejores estándares y aprender de las lecciones para reducir la vulnerabilidad futura”.