Migrantes se organizan para transformar uso de remesas en sus comunidades

02 septiembre 2021

Letty Barán  y Willy Barreno son dos quetzaltecos que tienen en común el deseo por fomentar un uso diferente del dinero que se recibe de Estados Unidos.

Una reunión de integrantes de la cooperativa de El Palmar en la que se analiza darle el mejor posible uso a las remesas. Foto FLACSO.

Por María José Longo 

Elvia Leticia Barán es una lideresa de los migrantes guatemaltecos. Desde niña la conocen  como Letty Barán. Hace 30 años, cuando tenía 18, migró de El Palmar, Quetzaltenango a Estados Unidos, pero nunca perdió contacto con sus orígenes. 

Por medio de constantes visitas a El Palmar, dos de las hijas de Barán se percataron de las necesidades que tenían los niños del lugar. En una fiesta de cumpleaños en su casa del estado de Virginia, recordaron las carencias que se viven en  la comunidad de su madre y decidieron guardar regalos y así acumularon presentes para compartir.   

De acuerdo con el Índice de Competitividad Local (ICL) de Fundesa, El Palmar ocupa el lugar 186 a nivel nacional. Y su tasa de pobreza, según datos de 2014 publicados por el Instituto Nacional de Estadística, es de 86.77”. 

Barán y sus hijas pasaron de regalos a algo más. Se acercaron a la Asociación Primaveral, que ahora ella dirige, integrada por nueve organizaciones de migrantes. Con este grupo trabajan en proyectos de ayuda social,  atienden a damnificados por desastres naturales y proveen de alimentos, útiles escolares, ropa, juguetes y sillas de ruedas.  

El siguiente paso fue percatarse que había otra forma de ayudar: al promover el desarrollo por medio de remesas, lo cual incluye educación sobre administración para migrantes y sus familiares, así como paraformar cooperativas. 

 “No podemos solo llevar comida, ropa, zapatos, útiles, también hay que enseñarles a pescar y darles insumos para que lo hagan”, dice Barán. 

Con ayuda de la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional (Jica) y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), la asociación brinda talleres, diplomados y capacitaciones a migrantes en Estados Unidos y sus familias en Guatemala. El propósito es cambiar el destino de las remesas y que aprendan a usarlas de forma distinta. 

“Nos hemos dado cuenta que en Guatemala lastimosamente no se da buen uso a las remesas. Los migrantes envían todo lo que pueden, pero quien la recibe cada dos semanas compra muebles o lujos que quien vive en Estados Unidos no puede darse. Y cuando regresa, se decepciona. No se encuentra lo que esperaba”, añade Barán.

Invertir, además de gastar

La cooperativa de El Palmar también tiene iniciativas para fortalecer la educación y alfabetización de los integrantes de la comunidad. Foto: FLACSO. 

Por medio de la formación a los migrantes y sus familias la asociación pretende que dialoguen y tengan un plan, que el dinero sea utilizado para consumir -aunque no todo- ya que los motivan a invertir, iniciar un negocio o ahorrar una parte.

“Hacer una casa de lujo para que esté vacía, no vale la pena. Yo les recomiendo que compren dos o tres propiedades con buena ubicación que luego puedan vender. Si retornan se quedan con una y tienen capital para comenzar un negocio”. 

Además de las capacitaciones, la asociación tiene otra iniciativa. Contribuir con crear cooperativas. La primera se fundó en noviembre de 2019 en El Palmar.

Se suman otras cinco, así como cuatro precooperativas, cada una tiene servicios diferentes. 

En la cooperativa de El Palmar que inició con remesas de migrantes, se brindan pequeños créditos para emprender, pues por el capital aún no pueden ser muy grandes. En la actualidad son 30 socios. 

“El migrante tiene capacidad, tenemos un valor adquisitivo y lo debemos aprovechar para formar nuestro propio desarrollo en Guatemala, ya que el gobierno no ayuda a crear una estrategia para frenar la migración. Nosotros debemos forjar nuestro propio desarrollo, trabajar, luchar y generar empleos, abrir negocios, crear empresas. La familia debe generar ingresos y no solo depender de nosotros”, asegura Barán. 

En los primeros meses de la cooperativa, el covid-19 llegó y todo se estancó. Quienes la dirigen en Guatemala, la mayoría mujeres profesionales, decidieron darse créditos entre ellas y comenzar negocios, ya que en muchos casos se habían quedado sin empleo. 

“Necesitamos organizarnos nosotras, ellas lo demostraron, con negocios pequeños pero con los que han salido adelante. Hay que empoderar a la mujer”, afirma Barán, quien añade que la mayoría de emprendimientos fueron de comida. Con admiración evoca el caso de una maestra y su esposo taxista que niciaron  un restaurante a domicilio. Ella cocina y el entrega los alimentos. 

“Del Gobierno de Guatemala los migrantes ya no esperamos nada, no les preocupa el uso adecuado de las remesas, saben que somos puntuales activamos la economía. Los empresarios se están haciendo ricos porque la gente da un uso incorrecto al dinero que enviamos al comprar muebles o electrodomésticos. El gobierno está acostumbrado a saludar con sombrero ajeno. Hasta celebran el día del migrante, pero no les importamos, solo para el año electoral nos hacen promesas que no cumplen”, señala.

El sueño de Barán es que la cooperativa tenga el capital suficiente para exportar productos de El Palmar. Se percató que empresarios de otros países llegan a comprar chiltepe, para luego revenderlo a mejor precio. En el municipio además se produce pacayas, cardamomo, café, bananos, plátanos  y chiltepe. “Los agricultores ganarían mucho más si pudieran exportar ellos y no por intermediarios que se aprovechan”, aseguró.  

El sueño de Willy Barreno

En la cabecera departamental de Quetzaltenango, a 35.4 kilómetros de El Palmar está el  Café Red, lugar que surge como fruto de una historia de migrantes y retornados, pero cuyo desarrollo ha sido difícil.

Willy Barreno, cofundador, relata que migró a Estados Unidos en 1996, cuando el conflicto armado interno estaba por concluir y se arrancaba con el proceso de paz. Lo hizo por temas políticos y con el deseo de construirles una casa a sus papás. 

“En ese tiempo se enviaban remesas para construir casas como primera opción y carros como segunda. En las comunidades indígenas, picops para el trabajo agrícola. En ese entonces no pensé que las remesas iban a servir para consumo. Ahora la mayoría se la gasta en cadenas de restaurantes o grandes centros comerciales. El sueño americano también se trasladó para Guatemala en una cultura de consumismo”, relató Barreno.  

En Estados Unidos Barreno trabajó como cocinero y combinaba sus labores con el activismo de forma voluntaria, por lo que integró la organización Desgua. 

Al retornar a Quetzaltenango, en el 2010, junto a los integrantes de Desgua inició con el Café Red que generaría empleo para más retornados y vecinos del departamento. Barreno pensaba que familiares de los migrantes consumirían los productos locales, pero no fue así. 

“Pensábamos que al abrir íbamos a tener suficiente dinero para salarios y utilizar las ganancias para proyectos educativos. Todos teníamos la esperanza de que si funcionaba el café, funcionarían otros negocios de migrantes”, recuerda. 

Cuando Barreno retornó, tenía un vasto conocimiento en cocina internacional, pero la población de Guatemala quería hamburguesas y comida rápida, algo para lo que él no se entrenó. 

“La comida chatarra se volvió una regla aquí y muchas de las remesas se desperdician en esos restaurantes. El concepto del café era apoyar a productores locales, consumir orgánico y fresco, comida que consumen en Estados Unidos las familias que tienen dinero, la clase media y alta. Los migrantes no tienen alcance a eso”.

Barreno necesitaba el apoyo de las comunidades en Guatemala, pero con dolor y frustración reconoce que no fue lo que esperaba, el consumo fue mayor de extranjeros y turistas.   

A pesar de los obstáculos, persevera con el café. Hace cinco años se logró uno de sus fines con la graduación de 15 cocineros que trabajan en distintos restaurantes y en 2020 concluyeron sus estudios 30 becados de diversificado.

Previo a la pandemia, Barreno asegura que podían pagar la renta y salarios, pero con el covid-19 la dificultad para seguir incrementó, pero aún están en la lucha con la atención de eventos. 


“Esta nota es producto del Taller “Periodismo y Migración” que imparte el International Republican Institute (IRI), bajo la coordinación de Laboratorio de Medios, S.A. a periodistas de diversos departamentos de Guatemala. (La asistencia financiera y técnica que el Instituto Republicano Internacional (IRI) otorga para esta actividad es provista por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y es posible gracias al generoso apoyo del pueblo estadounidense.) Los puntos de vista y opiniones expresados en esta nota son de los autores y no necesariamente reflejan la política oficial de USAID o del gobierno de los Estados Unidos”.

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