“El viaje hacia EEUU está lleno de nudos que uno debe tragar”

20 octubre 2021

Un migrante pasa, en promedio, cuatro años por un proceso de inestabilidad económica. Las jornadas de trabajo son dobles, solo así logra enviar dinero a su familia, pagar el préstamo y sus gastos.

Alejandro Pineda: «Tuvimos que dormir varias noches en el desierto para poder llegar a Estados Unidos». Foto: Alejandro Pineda.

Por Cristian Soto

Alejandro Pineda tomó la decisión de viajar a Estados Unidos de manera irregular. Dejó a sus padres, su esposa, a sus dos hijos adolescentes y a sus amigos de la colonia Independencia de la zona 3 de Mazatenango, Suchitepéquez.

Pineda atendía una venta de pollo, pero las ganancias no eran suficientes para salir adelante. Pagar el servicio eléctrico, el gas, la alimentación, el vestuario, la educación y el crédito se convertía en una preocupación cada fin de mes. A pesar de luchar todos los días no podía darle lo necesario a su familia.

“Mis amigos y familiares que residen en Estados Unidos me aconsejaron viajar. Pasé noches de desvelo para tomar la decisión, pensaba en todos los riesgos de esa travesía. Al final platiqué con mis seres queridos y les conté mis planes”, comenta.

Pineda recibió el número telefónico del coyote, el encargado de guiarlo en el trayecto. El costo del viaje sería de US$14 mil dólares, la mitad como enganche y el saldo, cuando fuera entregado a su familia en Estados Unidos.

La línea vertical es el muro y la verde, la carretera 80. Foto: Alejandro Pineda.

“Me puse nervioso, no había vuelta de hoja, era el plan. Me recogió en el parque de Malacatán, San Marcos, a las 9:00 de la mañana, íbamos cuatro personas en el vehículo. Nos fuimos por la frontera El Carmen, donde no existe mayor control de las autoridades mexicanas, no piden documentos”, narra Pineda.

Después de 17 días de viajar en todo tipo de transporte, el entrevistado recuerda cada momento vivido. “Logramos llegar a Estados Unidos. Fue desesperante permanecer en bodegas donde nos explicaban los cuidados que debíamos tener al cruzar el desierto. Durante la travesía fui testigo de mujeres y niños desmayados por el calor, otros lloraban de tristeza y muchas cosas más que quedan grabadas en nuestra mente y no serán  fáciles de borrar”.

Actualmente Alejandro trabaja en construcción, un oficio que tuvo que aprender y que le permite obtener los recursos económicos necesarios para salir adelante y pagar la deuda que su tío adquirió para cumplir su sueño americano.

“Ganó US$2 mil 500 dólares mensuales, con eso pago el préstamo, envío dinero a Guatemala y me queda muy poco para sobrevivir aquí, pero es lo que toca vivir”, concluye.

Deuda estresante

De acuerdo con Ricardo Cajas, psicólogo clínico, toda persona que decide migrar pasa por un proceso mental que va desde ansiedad, soledad, frustración y otros sentimientos negativos adheridos a la preocupación por cubrir las deudas económicas.

 “Durante más de cuatro años, el migrante pasa por un proceso de desestabilidad económica y debe de adaptarse a vivir en un país diferente. Las jornadas de trabajo son dobles, eso le permite ganar lo necesario para enviar remesas a su familia, pagar el préstamo y gastos propios”, explica Cajas.

Alejandro Guerra, empresario de transporte en Suchitepéquez, se ha dedicado durante más de cinco años a prestar dinero con garantías, un negocio que le ha dejado buenas ganancias.

 “Yo presto plata a quien me traiga algo de garantía, puede ser las escrituras de terrenos, casas, vehículos. El viaje a Estados Unidos es un riesgo, a mí no me importa. Si la persona llega a su destino o no me da igual, mi dinero tiene que regresar. Algunos prestan Q50 mil otros Q100 mil, los intereses van del 9 al 10% mensual, si quieren lo aceptan. La firma del convenio de pago debe de firmarse con un abogado para su legalidad”, explica.

Colocan una escalera con lona sobre el muro. No se puede hacer ruido para evitar activar los sensores. Foto: Alejandro Pineda.

Sin salidas

Omar Quiroa, de la Asociación de Jóvenes en Acción de Suchitepéquez, menciona un informe de UNICEF de 2020 para afirmar que los niños migrantes representan el 12 por ciento del total de la población de migrantes. El número estimado de jóvenes de 15 a 24 años aumentó de 22.1 millones en 1990 a 31.7 millones veinte años después.

“Las caravanas y la pandemia generaron una crisis migratoria más fuerte. Pero, la responsabilidad es de los gobiernos que no elaboran estrategias políticas de beneficio a la población y, ante esto, al ciudadano no le queda otra salida que migrar”, concluye.

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Esta nota es producto del Taller “Periodismo y Migración” que imparte el International Republican Institute (IRI), bajo la coordinación de Laboratorio de Medios, S.A. a periodistas de diversos departamentos de Guatemala. La asistencia financiera y técnica que IRI otorga para esta actividad es provista por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y es posible gracias al generoso apoyo del pueblo estadounidense. Los puntos de vista y opiniones expresados en esta nota son de los autores y no necesariamente reflejan la política oficial de USAID o del gobierno de los Estados Unidos.

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