Salamá atiende el triple de contagiados de COVID-19 desde Semana Santa

08 julio 2021

Según la dirección del área de salud de Baja Verapaz, las medidas de prevención disminuyeron y las personas se reúnen sin mascarilla. Desde entonces el hospital recibe cada vez más pacientes con el virus.

Hospital Nacional de Salamá, donde cada vez hay más camas ocupadas por pacientes con coronavirus. Foto: ministerio de Salud

Por Carmen Maldonado Valle

Desde la Semana Mayor, la dirección de área de salud de Baja Verapaz detectó un repunte de enfermos de COVID-19 con necesidad de ingresar a un centro asistencial. Tres meses más tarde, la demanda no disminuye.

El Hospital Nacional de Salamá, la cabecera, atiende a pacientes de todo el departamento y cuenta con 108 camas para quienes llegan. De estas, 20 se destinaron para contagiados de coronavirus pero no todas se usaban hasta la última semana de marzo, sostiene Carlos Lix, titular del área.

Los primeros casos llegaron el 19 de abril de 2020. “Desde entonces teníamos cuatro camas ocupadas por personas con coronavirus en estado moderado. Eran excepcionales los cambios en este número, pero a partir de la Semana Santa se elevó a 16, a veces a 18. Y no baja”, añade Lix.

Según el médico, en ese hospital no se tratan casos severos porque se les traslada al de Cobán o, si es necesario, a la capital. A decir del ministerio de Salud, estos tienen un promedio de estancia de diez días y por cada 24 horas de atención en intensivo se gastan Q30 mil por persona.

Cuando Lix habla con los contagiados, “admiten haber disminuido el uso de la mascarilla y algunos asistieron a actividades con mucha gente. A veces iban a circos o a celebraciones como el Chilate”, dice. Se refiere a una fiesta donde los vecinos acuden con trajes ceremoniales a las cuatro capillas del municipio a pedir permiso a sus antepasados para participar en el Corpus Christi.

Con esto coincide Ruby Villavicencio, la gobernadora departamental. Las personas se cansaron de tomar las medidas de prevención, “sobre todo en los mercados, donde, aunque insistamos, solo se ponen mascarilla cuando hacemos los controles. Luego volvemos a pasar y tanto vendedores como clientes están desprotegidos”, sostiene.

Además, cuando se reúnen para jugar futbol o presenciar los partidos, se quitan el cubrebocas. Por ejemplo, el mes pasado ocurrió un encuentro deportivo en el estadio Las Rosas. “Sacamos de la fila a quienes iban sin mascarilla y si querían regresar debían traerla, pero la gente debería ser consciente sobre la responsabilidad de cuidarse”, añade la gobernadora.

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