#20MinutosCon Edwin Asturias: “Sputnik Light no es una vacuna nueva”

16 agosto 2021

Los titulares de la última semana hablaban sobre Sputnik Light y su aplicación en Guatemala. El exdirector de la Coprecovid despeja las dudas sobre la inmunización y el fármaco ruso.

También puedes ver esta entrevista en la fanpage de Ojoconmipisto. Foto: Facebook.

Por Carmen Maldonado Valle

Edwin Asturias es infectólogo y profesor de Pediatría y Epidemiología en la Escuela de Medicina de la Universidad de Colorado, Estados Unidos. Además, lideró durante siete meses la Comisión Presidencial contra la COVID-19 (Coprecovid).

Ojoconmipisto conversó con él sobre la vacunación contra el coronavirus, la presencia de anticuerpos en quienes se contagiaron y también se inocularon, y la inyección del fármaco en niños. Además resolvió dudas sobre Sputnik V, Sputnik Light y el tiempo de eficacia de los biológicos administrados en Guatemala.

¿Sputnik Light es una vacuna distinta a Sputnik V?

—No es distinta. Es la primera dosis de Sputnik V, la cual contiene un vector llamado adenovirus 26, distinto al del segundo componente (adenovirus 5).

El adenovirus 26 fue renombrado por el fabricante para usarlo de forma independiente como Sputnik Light.

En Rusia y Argentina se evaluó el nivel de protección ante hospitalizaciones y fallecimientos por coronavirus en personas con solo el primer componente. En el primero la eficacia fue del 76 por ciento y en el segundo ascendió al 83 por ciento, con base en eso se registró Sputnik Light, la cual clama que la primera dosis tiene una cobertura suficiente.

Debemos recordar cómo al tener las dos dosis la efectividad sube al 92 por ciento, aunque estos hallazgos se hicieron en enero de 2021, cuando aún no aparecía la variante Delta.

En algunos certificados de vacunación se escribe que el fármaco aplicado fue Sputnik V (unidosis). ¿Con eso se refieren a Sputnik Light?

—No. Las vacunas Sputnik V pueden venir en distintos tipos de frascos. Había algunos con cinco o más dosis, mientras otros traían una sola, entonces los trabajadores de salud escribían “unidosis” para indicar que en el vial venía una vacuna.

Sputnik V prescribe la administración de la segunda dosis a partir del día 21, ¿aplicarla a los 90 días, como recomienda el ministerio de Salud, afecta su eficacia?

—La indicación de los 21 días surgió porque según los estudios si se completaba el esquema en ese momento se mantenía el 92 por ciento de protección. No obstante, debemos recordar cómo la vacuna AstraZeneca, parecida a Sputnik V porque también contiene adenovirus, demostró mayor protección mientras más tiempo pasa entre cada inyección.

No hay una publicación científica, pero Rusia sí contempla poder esperar hasta 90 días para terminar el proceso. Aun así, con la variante Delta la mayoría de las vacunas requieren dos dosis para garantizar una protección más allá del 80 por ciento.

En quienes esperen más de tres meses con Sputnik V no se perderá la eficacia, pero sí disminuirán los anticuerpos y habrá más riesgo de contagiarse. Mi recomendación es no esperar tanto tiempo porque las defensas, tras dos semanas desde la primera aplicación, estarán muy fuertes durante dos meses y medio o tres, pero luego la tendencia natural es a la baja.

Si pasa el período recomendado para obtener la segunda dosis, no es necesario repetir la primera y luego completar. Con aplicar el segundo componente, el cuerpo volverá a ver el virus y levantará los anticuerpos rápidamente.

¿Se puede utilizar como segunda dosis una vacuna de otra marca, como sucede con AstraZeneca que se puede combinar con Moderna o Pfizer?

—No tenemos datos de esto con Sputnik pero, sabemos, países como Argentina también han tenido dificultades para obtener la segunda inyección y recomiendan a su población estas combinaciones. Inmunológicamente, esta podría ser una buena manera de completar el proceso en caso de necesidad.

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Sí hay investigaciones con AstraZeneca. Cuando esta se combina con vacunas de ARN mensajero (como Pfizer), los anticuerpos también se levantan. En Dinamarca se demostró cómo la eficacia de estos procedimientos puede ser tan buena como el haberse administrado dos veces la misma marca.

¿Cómo se puede saber si las vacunas recibidas corresponden a la fórmula de Gamaleya? ¿Dónde se puede analizar?

—No se requiere muestrear. Los contratos traen un detalle de dónde se produjeron los biológicos.

Ahora otros países la fabrican, como India y Argentina, pero son conocidos por su amplia experiencia en la producción de vacunas. Aun así, por el momento se puede asegurar que los componentes enviados a Guatemala provienen de Moscú, Rusia.

Primer componente de Sputnik V a administrarse en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social. Foto: IGSS.

¿Por qué Sputnik V no es aceptada por la Agencia Europea de Medicamentos de la Unión Europea o la FDA de Estados Unidos? ¿Hay razones que pueden ir más allá de lo científico?

—Son agencias muy serias. Hace un mes, según la OMS, se determinaron algunos fallos. No están en los fármacos, sino en la documentación presentada para certificar sus procesos de producción.

Estos papeles se entregan no solo con estas sino con todas las vacunas, no solo con Sputnik V. Considero que los retrasos se deben a esa rigurosidad.

¿Hay algún país donde solo se inmunice a la población con Sputnik V?

—Argentina es un buen ejemplo. Quizá no es la totalidad, pero sí al menos un 80 por ciento de las dosis recibidas son de este biológico. En Venezuela también la mayoría de la población se inoculó con él.

Quizá el alcance no ha sido tan grande porque Rusia no ha podido producir tanto como esperaba.

¿Usted recomienda la vacunación contra la COVID-19 en niños y adolescentes?

—Por ahora solo tenemos datos con vacunas mRNA, como Pfizer, donde se ha demostrado una excelente producción de anticuerpos. Hay una preocupación por algunos casos de miocarditis en jóvenes, pero ese riesgo es muy bajo. Esta inflamación, además, ha sido transitoria y en cuestión de dos o tres días se resuelve sin problemas.

Por otro lado, hay un estudio donde los sujetos fueron atletas jóvenes en Estados Unidos. En él se concluyó una asociación entre haberse infectado con coronavirus y luego tener una afección cardíaca. Por lo tanto, es más riesgoso para el corazón contraer COVID-19 que vacunarse.

La FDA ha pedido ampliar los estudios en niños, entonces probablemente se tendrán más resultados al finalizar el año.

¿Qué sucede en el cuerpo de quien se contagia con COVID-19 y luego se vacuna?

—Si alguien contrae el virus y sale de él, posteriormente su respuesta es mucho mejor a la inmunización, porque la infección funciona como una primera dosis de vacuna. De hecho, con Sputnik se demostró cómo al aplicar la primera dosis a quienes antes se contagiaron era posible aumentar los anticuerpos hasta 15 o 19 veces.

Cuando es al revés, es decir, primero la vacunación y luego la infección, es probable que esta también actúe como refuerzo. Aún no hay resultados concluyentes, pero pareciera ser ese el patrón.

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