La feria de empleo inició a las 9:00 horas del viernes 10 de octubre, comenzó a registrar participantes tres horas antes. Quedaron fuera de cupo alrededor de 700 aspirantes.

Por Jimena Porres
“En nuestra ciudad construimos un lugar donde los jóvenes puedan crecer y cumplir sus metas”. Es el mensaje que escribió el alcalde capitalino, Ricardo Quiñónez, en sus redes sociales. Celebraba la Mega Feria de Empleo organizada por la municipalidad y en el parqueo de la misma.
Según datos de 2024, el Ministerio de Educación (Mineduc) registró 146 mil 833 estudiantes graduandos evaluados. De estos, 27 mil 462 eran de la ciudad de Guatemala. La Mega Feria de Empleo a cargo de la alcaldía, le dio cupo a 2 mil 300 personas para participar, a pesar de anunciar que habían “más de 3 mil plazas”.

A pesar de que la actividad comenzaba a las 9:00 de la mañana, las personas comenzaron a hacer fila desde las 6:00. La municipalidad proveyó de toldos a los que esperaban y poco a poco la cantidad de personas comenzó a crecer.
A las 10:00 la fila daba la vuelta por el puente peatonal entre la comuna y el Banco de Guatemala hasta la 6a. avenida por el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias. El último número, el 2 mil 300, fue entregado a las 10:50 horas. Después, nadie más pudo ingresar.
Los que buscan
Santiago Solis tiene 22 años. Acudió a la convocatoria a las 10:20 horas. Vive en el barrio Gerona de zona 1. Su tío los acercó a él y a su hermana. Terminó segundo básico y busca empleo de mecánico.
Su principal forma de movilidad es a través de taxis pirata y el Transmetro. “Me gustaría trabajar en zona 10, así puedo seguir usando el Transmetro o caminar”. Él sabe que, si hay mucho tráfico, puede ir a pie hasta zona 10 en 45 minutos, aunque lo disuade la inseguridad. “Por la Torre del Reformador hay muchos motoladrones, por eso me gustaría salir por la tarde, cuando todavía hay luz natural”.
Sulema Abigail tiene 21 años, vive en la zona 6. Busca trabajar como secretaria en la feria de empleo. A pesar de tener el Transmetro disponible, decidió mejor llegar en taxi pirata. Así le llama a los carros sin permiso de la municipalidad para operar. “La parada me quedaba muy lejos, en cambio el taxi me dejó aquí en frente”.
Ella trabajaba en zona 18, al mes gastaba Q800 entre Transmetros, taxis y mototaxis. “Entraba a las 9:00 de la mañana y salía a 12 horas después, un horario donde ya no encontraba Transmetros y me tocaba regresar en moto”.
En su caso, el agua es un servicio que tampoco tiene asegurado donde vive. “Únicamente cae por la mañana los martes y jueves”. Durante un tiempo su familia compró pipas privadas, pero estas también dejaron de llegar. Uno de los aspectos que le ha complicado el acceso al empleo es su ubicación porque la consideran “zona roja”.
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Quienes quedaron fuera
A Valerie López la acompañó su mamá. Con 19 años busca trabajo para pagar sus estudios de mercadotecnia en la universidad Mariano Gálvez. Vive en la zona 7, por la Colonia Centroamérica. Utilizaron la línea 7 del Transmetro para movilizarse, salieron a las 10:00 de la mañana de su casa y llegaron a las 11:30. “Quisiera que me quedara cerca para gastar mis ahorros en comprarme un carro”.
Otilia, su mamá, le enseñó a ir por la ciudad cuando Valerie hizo sus prácticas profesionales en zona 9. Para ella, la movilidad cambió con la desaparición de las camionetas rojas. “Ahora sale más caro y es más peligroso”, comentó. “Su papá la iba a dejar en carro y por la tarde yo iba a traerla, le enseñé a moverse en los buses que la llevaban a la Roosevelt”.
Daisy Chacón, 19 años, y su novio Alex Guerra de 22, tampoco alcanzaron cupo. Ambos salieron de zona 17 a las 9:00 y llegaron a las 11:00 a zona 1. Llegaron en Transurbano, un recorrido que Alex conoce bien ya que estudia en el centro en jornada nocturna. Por día gasta Q20 en pasajes, lo que al mes le significan Q620.
Ambos quisieran trabajar cerca de sus hogares, zonas 6, 17 o 18. “Nos gustaría tener jornadas matutinas, porque el tráfico por la tarde es imposible”, comentó Daisy. Alex busca cualquier trabajo que lo sustente, mientras que Daisy quisiera laborar en una oficina. Ambos quedaron decepcionado al enterarse que ya no habían cupos disponibles a pesar de estar desde temprano a la fila.
“Como dijeron que a las 2:00 de la tarde se acababa, pensamos que todavía teníamos oportunidad”, comentó Daisy. Para ella los trabajos y las acciones para acercar a los jóvenes a estos, están muy centralizados en la ciudad. “Pocas veces veo anuncios en mi zona o este tipo de esfuerzos allá”.
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