Los contagios de sarampión se propagan en Quiché y Totonicapán ante la indiferencia de los alcaldes. En dos semanas se registró la muerte de cuatro bebés.

Por Ana Valdez
El Ministerio de Salud registró al 15 de abril, 4 mil 794 casos de sarampión y cuatro fallecidos por esa razón. Las víctimas mortales eran bebés menores de 12 meses, originarios de Quiché, Guatemala y Totonicapán.
La participación de los alcaldes es escasa, según el gobernador de Quiché, Carlos Ríos. Su departamento registró dos de los decesos. Las acciones de las municipalidades son esenciales para ubicar con rapidez las áreas con más casos.
A la reunión del Consejo Departamental de Desarrollo en la que el gobernador Carlos Ríos, quiso abordar el tema, solo asistieron ocho de los 21 alcaldes. “Solo en el área de salud de Quiché y en el Hospital Regional hay 78 casos confirmados y 70 pruebas pendientes de resultados”, afirmó Ríos, que antes trabajó como técnico de salud.
Los alcaldes no participan
“Si contáramos con los alcaldes podrían hacer barridos más intensos y completos, pero ellos delegan toda la responsabilidad en el gobierno”, dijo. También pidieron apoyo a los Comudes para difundir medidas de prevención y colaboren con el personal de Salud indicándoles de casos sospechosos para agilizar los barridos, pero es difícil que lo hagan”.
En Totonicapán, la actitud de los alcaldes es similar, coincidió el epidemiólogo César Pastor. De ese departamento era uno de los bebés que murió. Registran más de 500 casos sospechosos. Las municipalidades y las iglesias son esenciales para identificar áreas con posibles casos, agregó.
Depende del grado de evolución de la enfermedad (leve, moderada y grave), el paciente puede sobrellevar la enfermedad en casa o remitirlo a un centro de salud u hospital. El grupo más afectado en Totonicapán está entre los 15 a 40 años. Cuando hay un caso se hace un censo que abarca a la familia y a los contactos cercanos. Además, se hace la “vacunación de bloqueo” que consiste en inmunizar a la familia del paciente, explicó Pastor.
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En el caso de una comunidad, la vacunación no es indiscriminada y quienes ya cuentan con su esquema de vacunas no son inmunizados otra vez, explicó. “El problema es que muchas de las personas en edad productiva están enfermándose y en varios casos se niegan a aislarse o a dejar de trabajar lo que aumenta la posibilidad de contagios”.
Según las estadísticas de Pastor, por cada caso confirmado hay entre 20 y 25 personas que podrían estar contagiadas. “Las municipalidades son muy importantes en su papel de difundir las medidas de prevención”, agregó el epidemiólogo.