Especialistas advierten que las sequías se prolongarán, mientras el nivel de consumo de agua en la ciudad se mantiene sin cambios.

Por Natalie Samayoa
El fenómeno del Niño podría extenderse hasta marzo de 2027. El meteorólogo, París Rivera, prevé menos lluvias, con una época seca más severa. Para dimensionar el consumo de agua de la ciudad capital: “al año utiliza el equivalente a dos lagos de Amatitlán”, dijo Juan Carlos Rosito, director del Instituto Biósfera.
Guatemala podría enfrentar la época seca más severa según Rivera. La transición de La Niña a El Niño inició entre abril y mayo (2026). “El calentamiento se ha sostenido a 1.8 grados en un promedio trimestral”, explicó en una reunión informativa con especialistas del Instituto Biósfera y Defensores de la Naturaleza.
El panorama para los próximos meses apunta a menos lluvia. “En septiembre y octubre se pronostica una disminución de lluvias entre un 20 % y 30 %”, indica Rivera. Para noviembre y diciembre, prevé que el déficit podría alcanzar entre 30 % y 40 %; en enero y febrero las precipitaciones podrían caer entre 30 % y 50 % por debajo de lo normal.
El área metropolitana entra a una etapa histórica con clima e hidrología severas, y tasas de agotamiento de reservas de agua sin precedentes. Este tipo de sequías extremas podría desencadenar un efecto de cascada y acelerar su agotamiento, agrega Rosito
Menos lluvia los próximos meses
De acuerdo con estudios del Foro del Clima de América Central, las cantidades de lluvia estarán por debajo de lo normal. Según Rivera, desde abril (2026) comenzó a registrarse déficit de precipitación.
“Chiquimula, Zacapa, Jutiapa y Baja Verapaz podrían registrar acumulados de lluvia más bajos en casi todos los meses”. Entre los efectos de El Niño, un mayor riesgo de sequía agrícola en Centroamérica y el Caribe.
Rosito informa que la capital consume anualmente un volumen de agua equivalente a dos lagos de Amatitlán. El problema no se limita al cambio climático, dice. “El clima está cambiando global y localmente, pero nosotros no estamos cambiando nuestros patrones”.
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El problema no es solo en la ciudad
El especialista advierte que los territorios que ahora enfrentan mayor riesgo son los mismos que han sufrido aridez anteriormente. “El efecto de la sequía es general, pero el comportamiento social también es generalizado”.
Como ejemplo menciona a Chimaltenango y Quetzaltenango, donde identifica un problema similar en el manejo del agua. “El problema es exactamente el mismo: son ciudades donde el caos, la carencia de planificación territorial y la administración del recurso hídrico es inexistente”.
Cada condominio tiene sus propias necesidades y busca saber qué hacer con su pozo; cada comunidad debe buscar a quién comprarle agua. Es algo que una ley jamás podrá abarcar, pero advierte que tenemos que abordar el tema. “Si seguimos haciendo lo mismo y nuestras aguas tienen caducidad”.

En las zonas más afectadas de la región metropolitana, el nivel freático descendió más de 200 metros entre 1975 y 2022, a un ritmo de cuatro metros por año. San Pedro Sacatepéquez, San Juan Sacatepéquez, Fraijanes, Santa Catarina Pinula, San Raymundo, Mixco y las áreas central y norte de Guatemala, enumeró el director del Instituto Biósfera.
Rosito comenta que el volumen de los acuíferos pasó de 31 mil 500 millones de metros cúbicos en 1975 a 20 mil millones de metros cúbicos en 2025. Según los datos que presentó, durante 50 años se registra un promedio de 200 millones de metros cúbicos de vaciamiento al año.
El lago de Amatitlán aún puede recuperarse
Rosito considera que la región metropolitana todavía tiene posibilidades de modificar la forma en que administra el recurso. “Estamos estableciendo mecanismos para que cambie la voluntad política”, afirma.
“El lago de Amatitlán es rescatable, pero la limitante son financieras, capacidades institucionales y de atención social. Los cambios para lograrlo son integrales, pero no es imposible. Sí se puede rescatar”, sostuvo.
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El riesgo también está en los incendios
Las condiciones más secas podrían tener efectos fuera del abastecimiento de agua. Andrea Moreno, directora de Comunicación de Defensores de la Naturaleza, advirtió sobre el riesgo para los bosques.
“Tenemos el riesgo de que los incendios forestales sean parecidos a los de 2024”. Según Moreno, aquel año, la incidencia fue mayor frente a otros períodos y las condiciones vinculadas con El Niño podrían hacer que los incendios forestales “sean más difíciles”.
El portal de Gobiernos Locales muestra un presupuesto Vigente de Q259 millones 283 mil para el rubro de Ambiente y Recursos Naturales en 2026, para las 340 municipalidades.